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-Estimados señores del directorio, les tengo excelentes noticias. ¡Nuestro sitio web está de maravilla! El mes pasado hicimos una encuesta entre nuestros usuarios para medir su usabilidad y, qué creen, tiene un 100% de aceptación. ¿De qué problemas de usabilidad hablaban esos consultores de pacotilla que vinieron el otro día?
-Pero señor delegado ¿Y entonces por qué ha aumentado el número de llamados al call center de gente diciendo que no encuentra las cosas en el sitio?
- Mmm… Creo que no fui lo suficientemente claro. Repito: tengo en mis manos este análisis de usabilidad, realizado por una prestigiosa empresa de estudios de mercado, que dice que, al entrevistar a los usuarios, le ponen nota 10 al sitio. Lo encuentran estupendo en todos sus aspectos. El sitio ES USABLE ¿Qué más evidencia quieren? Siempre habrá usuarios más lentos que otros. Como en la vida. Pasemos al siguiente punto, caballeros, aquí no hay nada más que discutir…

Escenas como la descrita no son lejanas a lo que ocurre en la realidad. Funcionarios no especializados en el medio web, contratan a proveedores extraordinarios en otras áreas, pero que tampoco son especialistas en técnicas de análisis de interacción con interfaces digitales. Este caso, por ejemplo, revela un error típico, representativo de muchos otros: la usabilidad, una variable que se mide estudiando el comportamiento, es mal analizada desde el punto de vista de la opinión.

Si los dueños de los sitios web se quedan con lo que indican estudios como éste, jamás podrán identificar los verdaderos problemas que tienen. La autocomplacencia y la ausencia de una visión experta son evidentes manifestaciones del error que ahora nos ocupa: el diagnóstico, construcción, administración y política de mejora continua de sitios web basados en supuestos que no son confiables, ni válidos, ni exhaustivos ni especializados en el medio.

Un diagnóstico correcto es el primer paso para mejorar. Incluso antes de nacer, muchos proyectos están condenados al fracaso, simplemente porque se basan en premisas erróneas o inútiles para los objetivos que se busca cubirir.

He aquí algunos ejemplos:

Usabilidad trabajando con usuarios

La única manera de medir bien la usabilidad al trabajar con usuarios es mediante el testeo y el análisis de tareas. No hay otra forma. El concepto de usabilidad -que es una norma ISO- se basa en la eficiencia y eficacia con la cual una persona satisface una necesidad al interactuar con una interfaz en un contexto de uso específico.

No sirve preguntarle a un usuario si un sitio es usable o no. Las opiniones suelen ser contradictorias con lo que se observa empíricamente. Me ha tocado hacer testeos en los cuales los usuarios son incapaces de realizar las tareas encomendadas y al final los he escuchado decir, como conclusión de la actividad, que “el sitio es bueno”, funciona correctamente y les gusta. Probablemente al dueño de una empresa que promueve transacciones en línea le da lo mismo que sus usuarios encuentren fascinante el sitio si son incapaces de concretar las compras.

Otro ejemplo: organismos públicos que se jactan de tener encuestas de satisfacción que posicionan a sus sitios como altamente usables. Lógicamente la evaluación de los usuarios es buena. Si su único punto de comparación es un trámite presencial burocrático que pude tardar horas y hasta días, una transacción en línea que les demande 40 minutos de su tiempo es tomado como una bendición. En estos casos la autocomplacencia de la autoridad -que, por cierto, habitualmente no tiene competencia en su rubro- es la gran barrera que impide mejoras. La metodología de análisis no se hace cargo de todas las variables involucradas y se sacan conclusiones muy convenientes, pero con poca altura de miras (al respecto recomiendo leer el post “La modernización es un proceso permanente”, de E-Gobierno, en el cual queda de manifiesto cómo la autocomplacencia es enemiga de la modernización).

Ok, el sitio es usable ¿Y?

Superado el caso anterior, un problema habitual de los análisis de las grandes empresas es que creen que con tener un sitio usable es suficiente para que éste les reporte los beneficios que esperan. No es así. La usabilidad es una condición que por sí sola no sirve de nada. Más importante y anterior a la usabilidad es la perspectiva estratégica.

Me ha tocado ver estudios de usabilidad basados en tareas que no son las críticas para el éxito del negocio. Primero debo definir qué espero de mi sitio. Sólo una vez que lo tenga claro puedo ejecutar las pruebas de usabilidad. Si quiero vender computadores en línea, las pruebas de usabilidad deben considerar todas las tareas necesarias para comprar un computador y no, por ejemplo, sólo las necesarias para elegir bien un computador, porque con esos datos el usuario podría imprimir una cotización e ir a comprar presencialmente a la tienda de la competencia.

La usabilidad -también la accesibilidad- son condiciones mínimas para estar en la red. Pero ya pasó la época en la cual marcaban la diferencia. Nadie puede jactarse de que su sitio es 100% accesible y usable y que sólo con eso logrará sus objetivos. Sería como decir: “los textos de mi sitio no tiene faltas de ortografía”. Por supuesto que no deben tenerlas. Pero nadie puede esperar obtener felicitaciones por eso.

Benchmarking mal enfocado

El benchmarking o estudio de comparables es una técnica de análisis de la cual pueden obtenerse conclusiones valiosísimas para mejorar un sitio web. Consiste en mirar qué hace la competencia (o productos parecidos) para extraer buenas prácticas e identificar áreas de oportunidad.

He visto estudios de este tipo que tienen algunos de los siguientes problemas:

  • No tienen un norte claro. Antes de hacer un benchmark es necesario saber muy claramente qué queremos lograr con nuestro sitio. Sólo así es posible discernir y enfocarse en las cosas importantes del análisis. Hay demasiados aspectos de un sitio que pueden ser estudiados. Antes que todo es necesario enfocar bien los esfuerzos. Muchos estudios abarcan tanto, sin jerarquizar, que terminan generando más interrogantes que certezas.
  • Se enfocan a la comparación entre elementos más que a extraer enseñanzas provechosas. Lo importante de un benchmark no es saber cuál sitio es el mejor, como si se tratase de un ranking; el ranking es secundario, lo relevante es sacar de cada uno la conclusión que más sirva a los propósitos del proyecto.

Mejorar las competencias

He comprobado que el origen de estos problemas está casi siempre en las competencias de quienes finalmente toman las decisiones en relación con los sitios web de las empresas. Generalmente se perfilan hacia dos extremos que les impiden dar con las resoluciones acertadas:

  • Son muy técnicos, pero les falta la perspectiva de negocios.
  • Tienen clara la perspectiva de negocios, pero ignoran completamente los códigos del medio.

Las destrezas para desempeñarse con soltura en un medio en pleno proceso de maduración no pueden ser adquiridas de la noche a la mañana. Pero lo que sí se puede pedir es al menos interés en ver qué está pasando en el mundo en estas materias y no cerrarse sólo a viejas fórmulas que no siempre funcionan cuando se trata de la web.

-Hola ¿Call Center?
-Sí, estamos para servirle. ¿Qué necesita?
-Estoy en el sitio web de su empresa y no reconoce mi RUT para pagar los servicios que adeudo ¿Qué puedo hacer?
-Espéreme un chiquitito. Mmmm… ¿Sitio qué me dijo?
-Sitio web, la página de Internet.
-Ah, la Internet. No, no, no; ahí no me meto. ¿No ve que yo soy de otra División? Nosotros no tenemos nada que ver con esas cosas.

Ningún sitio web, por genial, usable y accesible que sea, puede tener éxito si no está inserto en la lógica global de atención a clientes de las grandes empresas.

Los clientes que hacen absolutamente todo en línea son minoría. Lo que suele ocurrir es una mezcla. Dependiendo del contexto y tipo de tarea, a veces se escoge el canal presencial, telefónico o web. De hecho hay muchas necesidades que no pueden ser resueltas íntegramente en un canal. Eso no es un problema mientras el proceso sea fluido y lógico, sin trabas burocráticas.

Los medios de comunicación no se anulan, se complementan. Quien vaticinó la muerte del cine con la llegada de la televisión todavía debe estar dando explicaciones a los inversionistas que le creyeron… Y a sus nietos cuando le exigieron ir a ver Los Simpson al cine, en circunstancias que inexplicablemente para él, los ven todos los días en la tele, los juegan en sus Play Station y los leen en sus historietas.

Llegará el día en el cual se hará casi todo por un solo canal multimedia vía Internet -es inevitable, es lo más barato y rápido, desde el punto de vista de la empresa y del usuario- pero mientras eso no ocurra, no se puede concebir una estrategia de atención a clientes en la cual el sitio web no se apoye completamente en los otros canales de comunicación.

Pasa mucho que cuando una empresa cree tener un buen sitio web, hace la trampa de “esconder” el número de call center y las direcciones físicas. “Claro -pensarán- para que el usuario haga todo en línea”. Error, el cliente siempre tiene la razón. Dejémoslo a él decidir cuál es el canal que más le acomoda. Si el sitio web es realmente sólido, usable y enfocado a la satisfacción de las necesidades críticas de los usuarios, el tránsito hacia su utilización masiva y permanente será natural.

El proceso antes descrito es impensable si los canales telefónico y presencial no están 100% alineados con la estrategia global de tránsito hacia la autoatención en línea. Y ojo -porque suele ser el temor de quienes tienen a su cargo los call centers-, el tema no es que desaparezca la atención telefónica, sino reformularla para que se ocupe de objetivos de negocios y no de resolver “cachos” y problemas domésticos de los usuarios. De nuevo, los medios no se anulan ni se reemplazan, se complementan.

Para tener un buen sitio web, desde el punto de vista estratégico, no basta con el propio sitio; parte del trabajo es insertarlo en la política de atención global al cliente. Si un solo ejecutivo de atención presencial o telefónica no está enterado al detalle de todo lo que se puede y no se puede hacer en el sitio web de la empresa para la cual él trabaja, estamos en presencia de un bache en el camino. ¿Cuántos baches ponen todos los días a su propia estrategia las grandes empresas?

El eyetracking es una técnica de testeo con usuarios que, aplicando tecnología de punta, registra fehacientemente hacia qué lugar de una pantalla éstos miran durante una sesión en una aplicación o sitio web.

El arquitecto de información español Daniel Torres Burriel acaba de publicar en su blog una traducción de un artículo de Christina Laun, que da cuenta de 23 lecciones extraídas de la aplicación de eyetracking en diversos proyectos, como Eyetrack III.

Estas conclusiones son muy parecidas a lo que habitualmente se concluye aplicando otras técnicas más baratas de testeo con usuarios -como la observación y análisis de navegación espontánea y navegación dirigida hacia objetivos, ambas grabadas en pantalla y a la vez dejando un registro de las expresiones del usuario- y, desde mi punto de vista, lo más importante es que validan tanto al eyetracking como a estas otras técnicas, dado que los resultados son sumamente consistentes. Extraigo 9 de las 23 lecciones que, considero a estas alturas, están en la categoría de indiscutibles:

1. El texto atrae más la atención que las imágenes.
2. Inicialmente, el ojo fija su atención en la parte superior izquierda de la pantalla.
4. Los usuarios ignoran los banners (ojo con esta lección y la primera, gerentes de marketing que aún se obstinan en llevar a la web campañas audiovisuales propias de la TV o el cine).
6. Los usuarios se fijan más en los números escritos con números que con texto (ojo, periodistas de medios tradicionales escritos, cuando llevan los manuales de estilo de sus periódicos o revistas a la web).
9. Los usuarios escanean pequeñas porciones de la página (un argumento más contra las homes “todopoderosas”).
13. La publicidad situada junto al mejor contenido es la que se visualiza más a menudo (claro, la publicidad contextual, como la que realiza Amazon, es la más efectiva).
16. Las imágenes con caras son las que atraen más fijación de la mirada.
17. Los titulares deben permanecer limpios, claros e impolutos.
22. El espacio en blanco es nuestro amigo.

Ver el listado completo de lecciones del eyetracking en el blog de Daniel Torres Burriel.

Más de una vez me han preguntado cuántos clics son razonables para realizar una tarea en un sitio. La respuesta es tajante: los que se requieran para satisfacer la necesidad del usuario.

No puede haber una sola fórmula, dado que las necesidades son múltiples y algunas son más complejas que otras. El sólo enunciado de la pregunta supone la incomprensión del problema: la estructura -o arquitectura de información- de los sitios web no puede ser neutra: debe orientarse a la satisfacción de necesidades y al logro de metas.

Esto es antiguo en el ámbito presencial. En casi todos los supermercados el carbón se ubica a los pies de la sección de las carnes. Una clasificación “neutra” diría que la carne, como producto, no se parece al carbón. Pero en este caso prima algo más relevante: la orientación a la satisfacción de la necesidad. La necesidad es hacer un asado o carne a la parrilla y no comparar dos productos. Incluso yendo más lejos, es probable que la necesidad ni siquiera tenga que ver con alimentación, sino con compartir con un grupo de amigos.

El supermercado no organiza sus productos como una biblioteca pública. La organización condiciona -y a la vez está condicionada por- comportamientos típicos que tienen implicancias comerciales: vender más productos.

Veamos el siguiente escenario en una sucursal física de un banco: un cliente necesita hacer un depósito.

La siguiente es una secuencia lógica de tareas:

  1. Entrar al banco e identificar la papeleta o formulario de depósito.
  2. Llenarlo (por eso casi siempre hay un lápiz a mano).
  3. Hacer la fila (por eso, casi siempre las papeletas de depósito están cerca de donde empieza la fila hacia la caja).
  4. Entregar la papeleta de depósito y el dinero al cajero.
  5. El cliente puede tener una duda sobre algo; es razonable; si eso ocurre, preguntar al propio cajero cómo proceder.
  6. Recibir el timbre y comprobante del depósito (esto se hace ahí mismo, en la caja, el cajero no manda al cliente a otro lugar de la sucursal a recibir el comprobante).
  7. Salir del banco con la satisfacción del deber cumplido y la seguridad de que la operación se hizo bien.

El cliente realiza siete tareas para satisfacer una sola meta. Y las siete tareas se interrelacionan. Todo está al alcance de la mano. La sucursal del banco está diseñada para que el usuario desarrolle fluidamente su performance, desde que entra hasta que se va.

Ahora veamos sólo un ejemplo de lo que pasa la mayor parte de las veces en las transacciones bancarias en línea: si el usuario, antes de confirmar su depósito o transferencia, tiene una duda respecto de la transacción que está realizando (algo sumamente razonable, sobre todo para quien recién comienza a operar en línea), lo más probable es que deba abandonar la tarea y buscar, en otro lugar del sitio -a veces en “Preguntas Frecuentes” o llenando un formulario- la respuesta a su duda. La ruta hacia la satisfacción de la necesidad es interrumpida abruptamente. Y quizás, nunca más retomada.

Los sitios web de grandes empresas están llenos de funcionalidades y contenidos valiosos. Pero generalmente son tratados como islas que no se interrelacionan. Los sitios no evidencian la secuencia lógica de tareas que en conjunto satisfacen una necesidad. Casi siempre el usuario tiene, en distintas páginas, todo el material que necesita para lograr su meta, pero debe ingeniárselas para diseñar su propia ruta. ¿Para qué dificultarle la vida, pudiendo marcarle con claridad el camino más fácil?

Y finalizo con la siguiente reflexión: Lo realmente serio de todo esto es que suele ocurrir que las necesidades que los usuarios no logran satisfacer fluidamente, son justo las acciones críticas para el éxito del negocio en línea.

-Hola señor González, vengo a presentarle nuestra metodología para diseñar sitios web rentables, usables, accesibles, con una buena… -¡No sigas, charlatán! Yo conozco mi negocio. Así que dime, antes de que te saque a patadas ¿traes una propuesta de Home?

No creo que sea la segunda falla en importancia, pero es un problema clásico. Es evidente que va a ocurrir cuando una empresa pide a distintos proveedores una maqueta de Home o página de inicio como propuesta para decidir a quién contratar. O cuando se pide como primera tarea al proveedor, antes de hablar de públicos meta o de contenidos prioritarios: “Veamos la Home”.

Si pasa esto, está claro como el agua: el dueño del proyecto de sitio web en la empresa tiene una premisa errónea en la cabeza. Y la seguirá teniendo hasta el final si el proveedor o consultor no tiene la capacidad de hacerle ver el error: él cree que la Home debe hacerse responsable de todo. La considera una página todopoderosa. Si ha hecho bien las definiciones estratégicas (cosa que sabemos que habitualmente no ocurre) intentará resolverlas todas, completas, en la Home.

Si nadie hace nada para enmendar este error conceptual, el resultado será, sin duda, una página de inicio sobrecargada, que dificultará al usuario la identificación de los accesos que le permitirán satisfacer sus necesidades, de información o de operación.

Quien protagoniza esta falla trata a la Home como a un maestro chasquilla que tiene que hacer un poco de todo: que se inicien procesos, que se promocionen los productos más importantes, que aparezcan noticias, que haya banners en varias partes para administrar muchas ofertas, que incluya directorios, contactos a quienes dirigirse, ofertas de empleo, actividades corporativas, una que otra animación, combos para seleccionar más y más vínculos, hotlinks, un menú, otro menú más chico, links y más links, bla bla…. ¡Aburre!

…Y abruma. El usuario, de entrada, siente caer sobre sus hombros un saco de responsabilidades que no debiera tener. Se le pide discernir, buscar, analizar, comparar, interpretar. Se le pide pensar e invertir energía en un lugar que sólo debiera ser de tránsito, en el mejor de los casos.

La mayor dosis de esa energía debiera gastarla en la parte del sitio que realmente le permitirá satisfacer su necesidad, no en la home. Hay pocas necesidades importantes para el negocio que pueden ser satisfechas completamente en la página de inicio: creo que sólo encontrar el número telefónico de la empresa. Y sí, tal como más de algún lector anticipará, a veces ese número no está en la Home o se pierde en medio de tanto cachivache.

Imagino la lógica detrás de quien piensa en las homes todopoderosas: “Mientras más cosas mostremos, nos considerarán como más grandes”. Error garrafal. Cuando todo quiere ser importante el resultado es que nada lo es. Hago la invitación a revisar los sitios de empresas realmente grandes, a nivel mundial, las que sin duda tienen que haber invertido muchos recursos para construir su presencia web. Estoy seguro de que sus páginas de inicio en general no son apoteósicas, sino todo lo contrario (como ejemplo, recomiendo visitar el nuevo sitio web de la BBC, aún en estado beta).

Y un dato más: La home no necesariamente es la página de inicio de una sesión en un sitio web. Cualquier página puede serlo. En la red se navega por nombres de marcas, pero también por hipervínculos y resultados de búsqueda. Sólo las empresas con una marca muy consolidada en un mercado pueden contar con que la mayoría de sus usuarios pasará por la Home.

Yo tengo clarísimo qué debe tener una buena Home (son tres o cuatro cosas, no más, el resto es desechable), pero eso escapa al alcance de esta serie. Estamos sólo identificando los problemas, no dando las soluciones… todavía.

Quien esté apunto de embarcarse en una iniciativa de sitio web de gran envergadura no se arrepentirá de leer este post. Porque puedo garantizarle que si comete el error que describiré, su proyecto estará condenado inexorablemente al fracaso económico. El desenfoque estratégico es lejos, por goleada, el problema más importante de los sitios web de grandes empresas. Es una falla colosal e irremediable.

Antes de hablar de usabilidad, de accesibilidad, de arquitectura de información, de diseño gráfico, de propuestas de maquetas de Home, de SEO, de Search Analytics, de métodos revolucionarios de testeo con usuarios, de colores corporativos, de “dar una imagen innovadora”… Antes de todo eso -y ojo, que a varias de esas cosas me dedico- hay que responder a una pregunta que es la verdaderamente medular y frente a la cual todo lo demás en relación con un sitio web es sólo accesorio: “¿Qué quiero lograr con el sitio?”. Que se puede descomponer en otras preguntas muy lógicas e importantes: “¿Cómo voy a ganar plata con el sitio? ¿Cómo voy a ahorrar plata con el sitio? ¿Cuánta plata debo ganar de aquí a X cantidad de tiempo con el sitio? ¿Qué necesitan mis clientes para hacer que inviertan en mi sitio y no en otro?”.

Esto que parece de sentido común, que los gerentes anteponen a todo cuando se trata de otras inversiones, pero que extrañamente paracen olvidar cuando el tema es Internet, esto es simplemente pensar estratégicamente en el sitio web; y sumarlo a la estrategia de negocios global de la empresa.

Pero esto tan básico suele no hacerse y en su lugar en las reuniones gerenciales de alto nivel se empieza y se termina discutiendo sobre diseño gráfico, paletas de color, diagramación en cuatro o cinco columnas, si usar fotos o ilustraciones, si el menú va en solapas o como una barra, si el texto debe ser Arial o Times, si se considera viable la propuesta de aquel que quiere que el sitio se parezca al fotolog de su sobrino o no… Un claro despilfarro de recursos: estrategas zanjando asuntos extremadamente específicos y periféricos, para los cuales ni siquiera tienen la experticia necesaria. Y lo realmente grave, descuidando lo que nunca debieran descuidar: la perspectiva de negocios. Todo lo cual permite a la competencia, si está bien enfocada, frotarse las manos y destapar la champaña, porque no pasará zozobras por un buen tiempo, al menos no en el ámbito web.

Es por escenas como la aquí caricaturizada que está lleno de sitios de grandes tiendas con páginas de inicio espectaculares, pero donde el proceso de compra deja mucho que desear (como si no fuera lo más importante); o de bancos con banners publicitarios impresionantes, 100% accesibles, con un código html intachable, pero donde piden al usuario el RUT y varios datos personales más para dejarlo simplemente “jugar” a simular las condiciones de un crédito; o de sitios orientados a negocios en donde la opción más destacada del menú es la información corporativa (y dentro de cuya información corporativa la más importante es un discurso del presidente del directorio, lo cual no sería malo si estuviera estratégicamente pensado para potenciar el negocio del sitio, algo que, de nuevo, no ocurre).

Quien cuente con algo de tiempo para visitar sitios de grandes empresas, sobre todo en Latinoamérica, se percatará de que el 99% de las veces -digamos el 90%, pues sí hay gente que está empezando a enfocarse- ocurren cosas como las descritas.

¡El sitio web de una empresa no es un juguete nuevo, es un área de negocios compleja, como cualquier otra, que debe ser tratada con la misma visión y profesionalismo que las demás!

Para profundizar sobre este tema recomiendo leer el artículo “Ver un sitio web como un problema de negocio”, de revista Capire.

Desde el punto de vista de la estrategia que hay detrás y del diseño de interacción manifestado en una interfaz, los sitios web de grandes empresas son extremadamente consistentes a la hora de cometer errores.

Hay una pequeña lista de asuntos mal solucionados -o derechamente pasados por alto- que son responsables de la mayoría de los dolores de cabeza de quienes tienen a su cargo el aprovechamiento de las nuevas tecnologías de información en una compañía.

Los mismos errores se repiten una y otra vez, en las empresas chicas, medianas y gigantes; en Chile, en México y en el Reino Unido. No importa el rubro, no importa el modelo de negocios. Lo he visto con mis propios ojos. Decenas de veces.

En qué fallan los sitios web de las grandes empresas será tema a desarrollar en una serie de pequeños capítulos.

Y advierto que son fallas grandotas ¿eh? sobre asuntos realmente medulares, no sobre temas técnicos y focalizados, son problemas mucho más groseros que “usar o no usar flash en la home”, “usar o no usar frames”, “poner o no poner descripciones para las imágenes”. Son fallas que en algunos casos por sí solas son responsables del fracaso rotundo de un sitio web.

El siguiente es el listado que se irá completando paulatinamente:

1. Desenfoque estratégico

2. Homes todopoderosas (y como consecuencia, sin ningún poder)

3. Estructura no orientada a satisfacer necesidades

4. Los sitios no se insertan en el contexto de la atención integral al cliente

Desde hoy está en línea disponible para su descarga gratuita el primer número de FAZ, la revista de diseño de interacción de Cadius.
Ha sido un gran esfuerzo de varios meses, que incluye al Comité Editorial, a los promotores de Cadius (en especial Javier Cañada), a los autores, a quienes colaboraron con el diseño (Paula Fernández, Amir Yazdani-Pedram, Nelson Rodríguez-Peña y Constanza Miranda), a nuestra ilustradora invitada, Elise Miley, y a todos quienes desde el comienzo, y también ahora, están ayudando con su difusión .
Todos han sido aportes voluntarios y desinteresados, hechos con el único afán de robustecer el conocimiento en las disciplinas que FAZ cubre.
Por esas cosas de la vida, Nicolás Orellana, de Webprendedor (no puedo dejar de mencionar que el seminario que organizó el pasado sábado en la Biblioteca de Santiago estuvo impecable; ya habrá ocasión de comentarlo en detalle) fue el primero en ver el número de apertura de FAZ en línea. Esta madrugada, mientras hacíamos los últimos ajustes para dejar el sitio y la revista funcionando, él me contactó e hizo una entrevista sobre FAZ que creo que resume mi visión y expectativas. Respuestas iban y preguntas venían en paralelo con la emoción de estar finalizando una tarea ardua, pero gratificante.
Cuando Nicolás me mandó el link diciéndome que la entrevista ya estaba arriba, le conté que FAZ también estaba en línea desde ese preciso instante y que él sería nuestro primer lector.
Este hecho anecdótico es representativo del espíritu que hace de FAZ un proyecto sencillamente bonito.

Después de casi un año de trabajo, el próximo lunes 19 de noviembre el primer número de Faz, la revista de Diseño de interacción de Cadius, estará disponible para todo quien desee descargarla.
Tengo el honor de formar parte del Comité Editorial y puedo anticipar que esta edición inaugural viene de pelos, con artículos científicos y divulgativos de máximo interés y contingencia, escritos por destacados profesionales desde distintas partes del mundo.
Quien desee colaborar con la difusión de la revista puede hacerlo incluyendo un banner de Faz en su sitio web o blog.


Más de 200 personas asistieron al Tercer Seminario Chileno de Arquitectura de Información celebrado el sábado 8 de septiembre en la Biblioteca de Santiago.
Público en cantidad y calidad: concentrado, ameno y grato; no se perdió detalles de las presentaciones.


Fue una gran experiencia haber participado como expositor en este evento.
Recomiendo el análisis hecho en el propio AI Chile, sitio oficial del seminario, y las fotos y presentaciones.
Gracias a todos quienes lo hicieron posible, especialmente Juan Carlos Camus.
Y ahora se nos viene la segunda patita en Viña del Mar el próximo 5 de octubre.
(Fotos de ntocigludp y Juan Cabrera)

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